jueves, 11 de octubre de 2012

Lanzan a la venta vino tinto con la imagen del Ecce Homo restaurado

Bodegas Aragonesas lanzó una edición especial de vinos que llevan en la etiqueta la imagen de la restauración que hizo Cecilia Giménez

La compañía incluyó en la etiqueta de sus botellas una imagen muy parecida a la restauración que hizo Cecilia Giménez, en la vecina de la localidad zaragozana de Borja, del Ecce Homo.

La casa de vinos Bodegas Aragonesas lanzó al mercado una edición especial de dos variedades de vino tinto

MADRID, 11 de octubre.- La casa de vinos Bodegas Aragonesas lanzó al mercado una edición especial de dos variedades de vino tinto, que llevan en la etiqueta la imagen de la restauración que realizó Cecilia Giménez del Ecce Homo.

Los vinos están elaborado con uva garnacha, cosecha 2009 y 2011 y lo recaudado por su venta será destinado a la beneficencia.


 Los vinos llevan en la etiqueta la imagen de la restauración que realizó Cecilia Giménez del Ecce Homo

La compañía incluyó en la etiqueta de sus botellas una imagen muy parecida a la restauración que hizo Cecilia Giménez, en la vecina de la localidad zaragozana de Borja, del Ecce Homo.
El gerente de Bodegas Aragonesas, Enrique Chueca, dijo en entrevista, a un medio local, que lanzaron 25 mil botellas al mercado y que en la primera semana se vendieron alrededor de 7 mil. “El vino será exportado a Estados Unidos, Japón, Francia y Alemania”, añadió Chueca.


Los vinos están elaborado con uva garnacha, cosecha 2009 y 2011 y lo recaudado por su venta será destinado a la beneficencia

La compañía incluyó en la etiqueta de sus botellas una imagen muy parecida a la restauración que hizo Cecilia Giménez, en la vecina de la localidad zaragozana de Borja, del Ecce Homo

El vino tiene como Denominación de Origen el campo de Borja.
Redacción /Fotos: EFE  

martes, 28 de agosto de 2012

¿Una lista de vinos debería educarle o meramente adularle?

NUEVA YORK – Imagínese en una primera visita a un restaurante nuevo. Pudiera ser francés, griego, español, incluso estadounidenses, especializado en la cocina de cualquier país con una industria vinícola muy diversa.
 
¿Una lista de vinos debería educarle o meramente adularle?
 
NUEVA YORK – Imagínese en una primera visita a un restaurante nuevo. Pudiera ser francés, griego, español, incluso estadounidenses, especializado en la cocina de cualquier país con una industria vinícola muy diversa.

Hace su selección de platillos, quizá pidiendo a un mesero que describa algunos para ayudarle a decidir. Luego mira la lista de vinos, docenas de opciones todas congruentes con la etnicidad de restaurante. Ninguna botella parece conocida. ¿Qué hace?

A) Cierra los ojos, apunta al azar una botella y la pide.

B) Levanta las manos con desesperación y pide una cerveza (suponiendo que reconozca alguna entre las opciones).

C) Pide consejo al sommelier o a un mesero familiarizado con la lista.

D) Despotrica contra los sommeliers pretenciosos que crean listas de vinos esotéricos bajo la premisa ingenua de que su misión es educar a los clientes. ¡Bobos!

Si usted es Steve Cuozzo, el crítico de restaurantes de The New York Post, eligió la opción D. en una columna reciente titulada “Uvas amargas”, Cuozzo criticó duramente a los restaurantes con listas de vinos que describió como “100 por ciento inescrutables”. Mencionó a un par de restaurantes griegos con listas que estaban casi totalmente en griego. (Sorpresa: No le interesan los vinos griegos.)
Reservó un desdén particular por toda la lista en francés de Reynard en Williambsburg, Brooklyn, donde, escribió, no reconoció una sola botella entre casi 200 opciones.

Por el contrario, citó la lista de vinos en Cafe Boulud como admirable por ofrecer, entre cientos de botellas muy costosas, una sección de unos 60 vinos de una docena de países, todos de menos de 60 dólares.

La diatriba de Cuozzo cayó como un insecto grueso en una copa de elegante vino blanco Irouleguy. Blogueros y lectores de costa a costa debatieron su postura, muchos denunciándolo por desconocimiento e ignorancia. Un bloguero, posiblemente con sinceridad, elogió a Cuozzo por expresar la opinión de aquellos que no están “bien empleados o bien educados”.

Independientemente, la diatriba de Cuozzo planteó interrogantes cruciales que van directamente al meollo de la identidad de un restaurante. ¿Los restaurantes están obligados a ofrecer algo para todos? ¿O tienen el derecho de permanecer inflexiblemente fieles a una visión que podrá sonar misteriosa a algunos?

Comúnmente, esta pregunta se hace respecto de la comida. La mayoría de los restaurantes, sin importar que pudiera ser una afrenta a la aptitud creativa de un chef, ofrecen algunos platillos seguros para los clientes menos aventureros, como bistec o salmón. Pero la mayoría tiene sus límites.

Muchos buenos restaurantes italianos se niegan, por ejemplo, a permitir que los clientes mezclen y combinen pastas y salsas, sin importar cuánto rueguen. David Chang aconseja a los vegetarianos no arriesgarse con sus menús centrados en cerdo y pato. Father’s Office, una taberna de Los Ángeles, es famosa por no permitir “sustituciones, modificaciones, alteraciones o supresiones” en sus hamburguesas. Eso incluye la cátsup.

Los restaurantes no pretenden molestar a la gente. Incluso el chef más orgulloso y más rígido quiere que uno comparta una visión, no que se vaya descontento. Aprecio a los restaurantes que no son complacientes en tanto tengan éxito en sus propios términos.

Lo mismo aplica para los vinos. ¿Un restaurante debe ofrecer botellas que incluso el comensal más tímido reconozca? ¿O una lista de vinos puede reflejar el mejor concepto de sí mismo de un restaurante, sin importar cuán poco convencional sea?

El mundo está dominado por lo común y el mercado masivo. La mayoría de los restaurantes, incluso en la Ciudad de Nueva York, conforman una visión dominante de la comida y el vino. Por esa sola razón deberíamos celebrar a los que se desvían, no sentirnos amenazados por ellos. Si un restaurante es tan poco ortodoxo que uno se siente incómodo, abundan las opciones más convencionales.

Incluso los restaurantes con listas de vinos que parecen ser esotéricas están, viéndolos más de cerca, atados a lo conocido. Roman’s, un hermano estilo italiano de Reynard en Fort Greene, Brooklyn, ofrece una lista con muchas opciones italianas inusuales.

Usted puede ordenar un vino rosado de Frank Cornelissen, que produce vinos en el Monte Etna en Sicilia, que podría asombrarlo. También podría complacerlo. Es polarizador. Si parece riesgoso, un rosado de nebbiolo de Burlotto en Piamonte podría ser lo que busca. De ninguna manera es un vino ordinario pero no es poco reconocible.

Toda la lista es así. Muy probablemente no encontrará alguno de los vinos en un supermercado, pero tiene muchas mejores versiones de esos vinos de supermercados, incluso si son de productores poco conocidos.

La lista fue elaborada por Lee Campbell, que también hizo la lista francesa en Reynard. Ella ha trabajado en toda la industria vinícola, en ventas minoristas y para importadores, sirviendo vino en East Hampton y en Harlem. Es la última persona que buscaría denigrar a los clientes y ciertamente no está “de fiesta, haciendo un programa de televisión o de otro modo desaparecida” como lo expresó Cuozzo, al discutir a los sommeliers ausentes en sus comentarios en un blog.

“Siempre voy a tratar de dar a conocer a la gente vinos misteriosos con un buen valor”, dijo Campbell. “Para ser justa, tenemos una demografía aventurera”.

Demandar vinos comunes en un restaurante con un ambiente de nueva ola en Brooklyn es como expresar consternación porque la mesera tenga un tatuaje. ¿Un restaurante griego en Yorkville debería ofrecer un blanco sauvignon de Burdeos o Napa? Con una condición, en mi opinión: si el director de vinos creyera que estos vinos expresan el espíritu del restaurante; no porque fueran reconocibles para el cliente común. No tengo problemas con una lista totalmente en griego en un restaurante griego, en tanto alguien pueda responder a mis preguntas de manera inteligente.

Incluso la lista en Reynard es más conocida de lo que podría parecer al principio. Tiene Champaña y Muscadet, Vouvray y Chablis, Burgundy y Beaujolais tintos. ¿Estos vinos realmente son misteriosos? No son Bordeaux, sin embargo, lo cual quizá sea la verdadera objeción de Cuozzo.

Planteó un buen argumento. Los restaurantes con una lista de vinos poco conocidos deben poder discutir y explicar la lista en términos sencillos. Él piensa que esos restaurantes son raros, pero en mi experiencia el servicio de vinos ha mejorado exponencialmente en los últimos 20 años. La mayoría de los restaurantes que ofrecen listas poco convencionales lo hacen porque aman los vinos y aman hablar sobre ellos, en ocasiones demasiado.

El punto crucial para los clientes es sentirse libres de preguntar e insistir en respuestas sencillas si la respuesta parece rayar en casi una conferencia técnica. No son sólo los vinos de lugares misteriosos los que pueden causar incertidumbre. Incluso las listas totalmente estadounidenses pueden ser intrigantes. Me encanta la lista estadounidense en Buttermilk Channel en Carroll Gardens, Brooklyn. Sin embargo, si usted ordenara un Prince in His Caves 2009 de Scholium Project esperando un blanco sauvignon californiano típico, se asombraría por el vino turbio y de tinte naranja en la copa.
Muchas personas odiarían ese vino por su apariencia, y eso es grandioso. No me enloquece, pero prefiero por mucho un mundo y una lista que acepten al Scholium Project. El enemigo no son los vinos misteriosos o las listas desafiantes. Es el temor al vino.

Lee Campbell, the wine director at Roman's, introduces and pours a bottle of Valpolicella, an Italian blend, for customers in New York, July 31, 2012. Roman's offers a list with many Italian choices of wine. (Julie Glassberg/The New York Times)

Por Eric Asimov, The New York Times News Service/Syndicate, Última actualización: 21/08/2012
The New York Times

 

En la órbita del Sancerre

NUEVA YORK – Todos conocen el Sancerre. Ese es un problema entre algunos vanguardistas del vino, para quienes la familiaridad engendra desdén.
 
 
En la órbita del Sancerre
 
 
NUEVA YORK – Todos conocen el Sancerre. Ese es un problema entre algunos vanguardistas del vino, para quienes la familiaridad engendra desdén. He escuchado cómo se desprecia al Sancerre como una especie de producto casero, que indica timidez en un mundo exclusivista que evalúa la personalidad y el estatus por medio de la selección de una bebida.

¿Por qué el vino debería ser diferente? Otros objetos de consumo (el teléfono que uno porta, el auto que conduce, los zapatos que usa) connotan información importante sobre el carácter personal. ¿El vino también debería hacerlo?

Estoy totalmente en contra del juego de las connotaciones.

Sin duda el Sancerre a menudo es pedido por pereza distraída, de la misma manera en que muchas personas piden una copa de chardonnay. Pero quiero juzgar al vino por lo que es, no por lo que podría representar. Según ese estándar, el Sancerre – el buen Sancerre – ofrece una de las expresiones más puras, más complejas y más deliciosa de la uva sauvignon blanc en el planeta. Me encanta.

Sin embargo, no siempre me encanta pagar los precios del Sancerre. En los últimos 20 años, conforme ha aumentado la cultura de la viticultura y la vinicultura en el Valle del Loira, también lo han hecho los precios. Lo que era un vino de bistro poco costoso ahora generalmente cuesta mínimo 25 dólares por un cuvée básico de un buen productor, y a menudo de 10 a 15 dólares más.

Una solución excelente es comprar satélites del Sancerre, denominaciones dentro de la órbita de Sancerre que también producen vinos sauvignon blanc. Esto significa principalmente Pouilly-Fume, bien conocida por su propio derecho, pero también las denominaciones del Loira más pequeñas de Menetou-Salon, Quincy y Reuilly.

El Pouilly-Fume en particular puede ser tan picante y refrescante como un buen Sancerre, y en el mejor de los casos puede exhibir una mineralidad similarmente deslumbrante que testifique la feliz combinación de la sauvignon blanc con suelos de creta, sílex y caliza. Y con una notable excepción superestelar, generalmente son al menos unos cuantos dólares más baratos. Las otras denominaciones, aunque quizá no tan exaltadas como Pouilly-Fume, también pueden ser fuentes excelentes de vinos deliciosos.

El panel del vino probó recientemente 20 botellas de satélites de Sancerre. Para la cata, a Florence Fabricant y yo se nos unieron Jordan Salcito, el director de vinos del Crown en Upper East Side, quien pronto renunciará para unirse a un nuevo proyecto de restaurante, y Andre Compeyre, el director de vinos en Benoit en Midtown.

Todos nos sentimos altamente complacidos por los vinos. En vez de exhibir los picantes sabores frutales más típicos en los sauvignon blancs de Nueva Zelandia, estos eran vinos sutiles y matizados con un énfasis en sabores cítricos, herbales y minerales. Encontramos un par de atípicos llamativos, pero esto se debió en su mayor parte a variaciones de cosecha.

Catorce de las botellas provinieron de Pouilly-Fume, al este de Sancerre en el lado opuesto del Loira, con dos de Menetou-Salon, justo al oeste de Sancerre, y dos de Quincy y Reuilly, ambos un poco más al suroeste. De estos, 13 botellas provinieron de la excelente cosecha de 2010; cuatro fueron de 2011, un año inconsistente, y tres de la muy madura cosecha de 2009.

Déjenme tomarme un momento para un recordatorio de servicio público: Los buenos vinos cambian con el tiempo; las catas a ciegas como ésta son instantáneas, registrando las impresiones rápidas en un momento en particular de su evolución. Son menos útiles para hacer declaraciones amplias sobre productores y sus vinos en comparación con otros.

Por ejemplo, nuestra botella No. 1 fue el fragante y chispeante Cuvee le Charnay Menetou-Salon 2010 de Jean-Max Roger. Me encantaría beber este vino esta noche. ¿Pero eso significa que Jean-Max Roger es el mejor productor entre los 20 que probamos, o que Menetou-Salon es la mejor de estas denominaciones?

No, eso sería apostar demasiado a una sola cata, cuando años de beber vinos de otros productores y denominaciones en la región sugieren otra cosa. ¿Qué puede concluirse de manera razonable? Jean-Max Roger es un productor muy bueno, al cual vale la pena seguir, y su Menetou-Salon 2010 es fresco y chispeante.

Por el contrario, nuestra botella No. 5 fue el Didier Dagueneau Blanc Fume de Pouilly 2009, la cuvée básica de una bodega ampliamente considerada como uno de los más grandes productores de sauvignon blanc del mundo. Desde que Dagueneau murió en un accidente de aviación en 2008, los vinos los hace su hijo Louis-Benjamin Dagueneau, que ha continuado muy bien el trabajo de su padre.

Esta botella tuvo algo de las características distintivas de la grandeza Dagueneau – riqueza, densidad, complejidad y textura – pero careció del sentido usual de precisión y enfoque, lo cual muy probablemente refleja la cosecha 2009.

En el contexto de esta cata, preferimos al Roger y otras tres botellas al Dagueneau. Pero yo no concluiría que esos otros productores hacen vinos mejores o más evocadores que Dagueneau; sólo que el 2009 no mostró a Dagueneau en la cúspide de su brillantez. Como podrían suponer, no soy fanático de los 2009 en general, a los cuales encuentro grandes, frutales y carentes de la sutileza y equilibrio de los 2010.

Dicho sea de paso, el Dagueneau fue por mucho la botella más costosa en la cata en 90 dólares. (La he visto con precios que oscilan entre 65 y 100 dólares.) Ya que todas las otras botellas en nuestra lista eran de entre 17 y 24 dólares, esto testifica el respeto que Dagueneau tiene y los precios que sus admiradores están dispuestos a pagar.

Aunque el Dagueneau es para ocasiones especiales, abundan las opciones diarias excelentes, como el Pouilly-Fume 2010 de Michel Redde por 24 dólares, fresco, estructurado y vivaz, y el Pouilly-Fume 2011 de Cedrick Bardin, chispeante y persistente con una especie de acritud limitada.

Me impresionó particularmente el Pouilly-Fume 2011 de Jonathan Pabiot, un productor prometedor cuyos vinos no había probado antes. Este vino, que dividió al panel, parecía tan transparente que trascendió las características de la uva a favor del terroir. Si uno no tuviera idea de lo que contenía la copa, pensaría incluso que era un Chablis, donde el suelo es similar.

Al final, la proporción de las denominaciones en nuestros 10 favoritos reflejó a la cata con precisión, con siete Pouilly-Fumes y uno de Menetou-Salon, uno de Reuilly y uno de Quincy. Como el Dagueneau, el Domaine de Reuilly Les Pierres Plates 2009 mostró la madurez de la cosecha, aunque los picantes sabores cítricos y herbales fueron contenidos por una latente mineralidad. El Quincy 2010 provino de Domaine Mardon, uno de los productores más confiables en esta pequeña denominación.

Lo que destacó en la cata fue la vitalidad de los vinos y la región, el Reino del Sauvignon Blanc, como le llama Jacqueline Friedrich en el Volumen 1 de su excelente libro reciente, “Earthly Delights From the Garden of France” (Delicias terrenales del jardín de Francia).

No importa cuán bien piense que sabe de vinos, estos hacen que valga la pena que sepa más.

Por Eric Asimov, The New York Times News Service/Syndicate, Última actualización: 27/08/2012
The New York Times


 

viernes, 24 de agosto de 2012

1a Feria del Vino y el Queso Coyacan

1a Feria del Vino y el Queso Coyacán, Mexico

1a Feria del Vino y el Queso Coyacan


Una vez más en la Ciudad de México habrá una ocasión para degustar diferentes vinos, quesos y otros productos artesanales que se producen en el país, ¡No te la pierdas!

Lugar: Casa de la Cultura Jesús Reyes Heroles

Dirección: Francisco Sosa #c 202, Coyoacan, México, D. F.

Fecha: 24, 25 y 26 de Agosto 2012

Horario: 11:00 a 20:00 hrs.

Precio: Entrada a la Feria gratis (registro previo). Link para realizar el registro

Programa de catas con un costo de $200, las reservaciones inician el 10 de agosto.
*Selecciona una fecha
         
                             
*** BOLETOS DISPONIBLES ***

miércoles, 22 de agosto de 2012

Chile y un vino muy particular que atrae a los turistas

El enólogo británico  Ian Hutcheon aficionado a la astronomía creó en Chile una variedad única de vino, el "Cabernet sauvignon meteorito", un brebaje que según su inventor trae a la Tierra el sabor del Universo.

Vino meteorito3

Intentando darle un elemento diferenciador al vino que ya producía en la pequeña bodega que tiene en el poblado de San Vicente de Tagua Tagua (120 km al sur de Santiago) y unir dos de sus más grandes pasiones, la astronomía y la enología, el empresario Ian Hutcheon intentó una mezcla jamás explorada.

CABERNET SAUVIGNON Y UN METEORITO

Un día cualquiera, escogió un vino elaborado con cepa cabernet sauvignon e introdujo un milenario meteorito en la barrica, dejándolo madurar por 12 meses. El resultado del experimento lo sorprendió. Según asegura, el meteorito le cambió el color y potenció el sabor del vino.

"Nos dimos cuenta de que aparte de cambiar un poco el color, también cambiaba el vino, los sabores se resaltaban. Fue una grata sorpresa", señala incrédulo Hutcheon, propietario de la bodega Tremonte donde desarrolló el brebaje, y de un pequeño observatorio astronómico para turistas.

UN METEORITO CON UN LARGO RECORRIDO

El meteorito en cuestión se lo obsequió un amigo suyo que los colecciona y le donó uno de los que había encontrado en el desierto de Atacama, en el norte de Chile.

La piedra, de color negro y mucho más pesada que una roca de su tamaño, "se formó con el nacimiento del Sistema Solar, orbitó en el cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter, y cayó en la Tierra", cuenta Hutcheon.

UN BREBAJE QUE ATRAE A LOS TURISTAS

"Yo no quería cambiarle el sabor del vino, sólo quería encontrar una forma más física que simbólica de unir la astronomía con la enología", agrega el original enólogo británico.

De momento, no tiene estudios que respalden el cambio físico producido en el vino, pero el brebaje ha gustado a los turistas que concurren a las instalaciones y que han propiciado un boca en boca muy particular.

TIPS DEL VIAJERO

1 El resultado despertó también curiosidad en científicos de Estados Unidos y México, que le solicitaron muestras del vino para analizar las reacciones químicas producidas por el meteorito, que Hutcheon sostiene con unas delicadas pinzas y guarda celosamente en un maletín negro.

2 La primera versión del 'Cabernet sauvignon meteorito' fue elaborada con una cosecha de 2010 y alcanzó a una producción de 15.000 botellas. Hoy Hutcheon dice tener pedidos de España, Inglaterra, Canadá, República Checa, e Irlanda.


Preguntas sobre el vino y la uva


El vino es siempre actual y sofisticado, además de que su uso se ha extendido a escala global en los últimos años. Pilar Meré, sommelier y coordinadora de promoción del Comité del Vino Mexicano (que forma parte de la Asociación Nacional de Vitivinicultores), considera que gran parte del secreto está en la uva.
  
¿Hay vinos que no sean de uva?

No en sentido estricto. Sólo se llama vino a la bebida que utiliza la uva como materia prima. Existen fermentados de muchas frutas como chabacano y durazno, en diferentes países, a éstos generalmente les llama licores.

Por ejemplo lo que se llama vino japonés es un fermentado de arroz. Otro ejemplo es nuestro tepache que se hace con piña. En cuanto al vino, los institutos internacionales definen esta bebida como la fermentación parcial o total de la uva, o de mosto, que tiene entre 9.5 y 14.5 grados de alcohol.

¿Por qué el vino se hace de uva?

Primero, porque estaba a la mano en su lugar de origen, la cuenca del Mediterráneo. Después porque es una fruta que hace una fermentación muy eficiente. Cuando una uva está madura, rompe su cáscara y las levaduras que están en la pruina (cáscara) trabajan con el azúcar de la pulpa. Ese líquido, que emana por el proceso de fermentación, se convierte en alcohol de manera natural.

¿En qué se diferencia hacer vino, de elaborar otras bebidas como la cerveza?

Ambas son bebidas de uso moderado que contienen un 80 por ciento de agua. El vino genera el agua de manera natural, mientras que a la cerveza hay que añadírsela. Ambos productos son fermentados, pero la cerveza necesita fermentarse de manera artificial porque sus levaduras no tienen suficiente azúcar para provocar esa transformación de manera natural. Para hacer cerveza de malta se tiene que cocinar el cereal; después se deshidrata y se vuelve a hidratar.

¿Por qué el gusto por el vino se ha extendido tanto?

En un principio, en Europa, era mejor tomar vino que agua porque ésta solía estar contaminada. Después por la migración europea a otros continentes y el los últimos años por el proceso de globalización.

¿Qué tanto se parece el vino que tomamos hoy al de otras épocas?

Menos de lo que imaginamos. El vino es un producto vivo que está en constante evolución. Además de que las cepas se han diversificado, tanto las técnicas en los viñedos como en la vinificación y el añejamiento añaden rasgos específicos a cada producto, lo que permite que haya vinos de diferentes tipos y categorías.

¿Cualquier uva sirve para producir vino?

La uva que se utiliza para hacer buen vino es la vitis vinifera porque contiene una concentración muy alta de azúcar, lo que permite hacer una fermentación con más alcohol. Las diferentes cepas como cabernet sauvignon, shiraz, chardonnay, garnacha, etcétera, son otras tantas expresiones de esta uva.

¿Cómo influyen en la uva el tiempo y la temperatura?

Sobre todo en que la fermentación de la uva puede tener un buen o mal resultado. Por otra parte el calentamiento global ya empieza a modificar los microclimas y a afectar estos procesos.
De hecho, un ejemplo actual del efecto del cambio climático es el caso de los viñedos españoles, específicamente los de la Rioja, en los que se utiliza el riego para retrasar el proceso de fermentación de la uva. También se está practicando el cultivo de vides en laderas de más altura para contrarrestar el problema. Por otra parte, los vitivinicultores de Inglaterra e Irlanda han empezado a producir vinos con características mediterráneas.

La especialista termina diciendo: “El vino es un reto y un tema inagotable”. Su producción no está desligada de nuestro estilo de vida ni de nuestros descubrimientos, avances y retrocesos”. Y sin duda, cada vez que levantamos una copa nos enfrentamos a una incógnita y una promesa.

Fuente AltoNivel

Chile, paraíso de vinos



Bodegas, casas patronales y campos repletos de vid, son algunas de las paradas indispensables en la ruta cargada de historia y cultura, de sabores y aromas. Aquí, en cada paso, se conoce un detalle que revela los secretos y los exquisitos pormenores en la fabricación del vino chileno, uno de los mejores del mundo.

Al recorrer sus valles, no sólo se conoce el proceso de elaboración y se regocija al paladar con exquisitos tintos y blancos, sino que también se descubre la tradicional vida rural del hombre chileno.

Chile posee once rutas, que van por los principales valles productores de vino, donde sus visitantes tienen la posibilidad de conocer las propiedades de esta bebida y sus atractivos naturales junto con las tradiciones de los campos. Cabe destacar, que las condiciones climáticas del territorio y su geografía otorgan el ambiente perfecto para el cultivo.

Valle del Aconcagua
Es esta zona existen viñas especialistas en los mejores vinos que se conocen a nivel mundial, además, se utilizan las antiguas maquinas para el proceso del vino dulce, lo que atrae aun más a los visitantes. Una de las variedades que más sobresale es la Syrah que se convirtió en emblemática de este lugar.

Valle del Maipo
En plena Región Metropolitana se encuentra una de las zonas con más tradición vitivinícola del país, a un costado del Río Maipo. Aprovechando el clima mediterráneo, con heladas en épocas especificas, producen los vinos más finos del país, en especial la cepa del Cabernet Sauvignon que sobresale con su intenso color, delicados aromas y tonos frutales. Son 22 los prestigiosos viñedos que componen esta ruta. Entre ellas las más sobresalientes son Viña Cousiño Macul, Concha y Toro, Santa Rita, Undurraga y Ventisquero.

Valle de Colchagua
Este valle fue el primero, en 1996 de desarrollar la idea de la Ruta del Vino para fomentar el turismo vitivinícola. Los viñedos se encuentran en las laderas montañosas, acompañadas por microclimas cálidos pero bañados con abundante agua de los ríos Tinguiririca y Colchagua, lo que proporciona excelentes cepas de tinto donde sobresalen el Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah, Carmenère y Malbec.

Valle de Itata
Una zona cuyo orígen viticultor data de La Colonia, cuando los jesuitas traían las mejores cepas desde España y comenzaron a plantarlas. Este valle es el último que se encuentra al sur de Chile, cercano al mar, permitiendo que sus viñedos tengan vista el mar y sean a poca altura ideal para la producción de cepas de blanco. Las actuales plantaciones dan abundantes cosechas de País, Moscatel de Alejandría, Cabernet Sauvignon y Chardonnay, de excelente calidad.

Valle de Curicó
Es el segundo lugar donde más se produce vino en Chile. Sus excelentes condiciones climáticas, con abundante sol y frescas noches, permiten que los sabores y aromas de las variedades blancas sean incomparables, en especial el Sauvignon Blanc y Chardonnay.

Un recorrido cargado de buen sabor. ¡Salud!... ¿Un Merlot, un Cabernet, un Sauvignon Blanc o un Chardonnay?... Tú escoges…

Fuente:  AltoNivel